Escribir mal en Internet

Vivimos en la era de la tecnología y nos pasamos el día conectados a internet, trabajando, consultando, investigando y ¡cómo no! comunicándonos. Al día enviamos correos electrónicos, whatsapps, hangouts, opinamos en foros y redes sociales e interactuamos en otras plataformas digitales. De hecho, más del 90% de lo que comunicamos o vendemos hoy en día en las redes se hace a través de la palabra escrita.

Y si es tan cotidiano, ¿por qué escribimos tan mal en internet?

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Probablemente la rapidez de respuesta que exigen estos medios está llevando al traste todas las reglas ortográficas convencionales. Y no estamos hablando de errores tipográficos o acentos olvidados: reducimos nuestro léxico a emoticonos, cortamos o eliminamos palabras, omitimos espacios y nos olvidamos de la existencia de la gramática sólo con el fin de dar agilidad y personalizar nuestros contenidos en la red.

 Los textos malos cansan a los lectores

Parece que la costumbre se ha hecho ley pero, ¿es esto correcto? Quizá sí para grupos de adolescentes apresurados, pero si esto lo trasladamos al área laboral, la respuesta es rotunda: NO. El hecho de que no se nos vea la cara, en ningún caso nos legitima para olvidarnos de las más mínimas normas de cortesía o para lanzar a la red textos llenos de errores que sólo van a conseguir cansar a nuestros lectores y hacer que desistan de seguir leyéndonos.

Charles Ducombe, empresario de ventas por internet, asegura que un sitio web con errores ortográficos puede reducir sus ventas hasta en un 50%. De hecho, y si nos paramos a pensar seriamente, ante dos textos de autores anónimos, uno con erratas y otro correctamente escrito ¿cuál nos convencería más? ¿a cuál le daríamos más credibilidad?

Google premia los contenidos únicos, originales y concretos, pero no los que están mal escritos. Somos consientes de que nuestros lectores tienen poco tiempo, pero eso no debe implicar, ¡jamás!, escribir incorrectamente. Como dice Martina Bastos, ganadora del premio Don Quijote de Periodismo 2013,“no es cierto que la gente no quiera leer textos largos, lo que no quiere leer son textos malos”. ¡Tomemos nota antes de dar a “Enviar”!