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Design Thinking: descubre la manera más creativa de afrontar tus problemas

El Design Thinking (DT)pensamiento de diseño es una forma de ofrecer respuestas creativas a cualquiera de los problemas de nuestra vida utilizando las herramientas propias del diseño de producto. Esta técnica, aplicada a los asuntos cotidianos, nos puede ayudar a afrontar los retos y desafíos de una manera distinta, a auto conocernos y a encontrar soluciones válidas que perduren en el tiempo. 

El DT aplicado al diseño de productos tuvo su origen en la Universidad de Stanford y fue utilizado por primera vez en los años 70 por la consultora norteamericana IDEO. Su CEO, Tim Brown la define como “un enfoque de la innovación centrada en el ser humano, que se basa en el conjunto de herramientas del diseño para integrar las necesidades de las personas, las posibilidades de la tecnología y los requisitos para el éxito empresarial” .

Pero de su uso en el marketing, ha pasado a convertirse en una mentalidad aplicable por cualquier persona que busque una perspectiva diferente para enfocar y solucionar sus problemas. Así lo explican Bill Burnett Dave Evans, profesores de la Universidad de Standford, en su libro “Designing Your Life: How to Build a Well-Lived, Joyful Life”.¿Cómo? Aplicando los mismos procesos creativos que se utilizarían para idear productos o espacios con el fin de dar una nueva forma a nuestra existencia. En tres palabras: rediseñando nuestra vida.

Aplicación en la vida cotidiana

En muchas ocasiones nos encontramos atrapados o desbordados por problemas a los que no sabemos cómo enfrentarnos o, simplemente, estamos perdidos en medio del confuso día a día. Es el momento de ponerse manos a la obra:

-Primero tenemos que identificar el problema. Si nos resulta más fácil podemos utilizar preguntas como ¿Qué está pasando? ¿Cómo? ¿Dónde? o ¿cuándo? para analizarlo sin límites y desde todos los ángulos posibles. Se trata de desmenuzarlo en partes más pequeñas y abordables para poder identificar su verdadera naturaleza.

Empatiza contigo mismo. Sé sincero, observa, escúchate sin prejuicios, sé plenamente consciente de lo que realmente quieres y necesitas. Hazte la pregunta “por qué” tantas veces como sea necesario y respóndete con claridad. Observa a otras personas que han conseguido lo que ya sabes que anhelas, empatiza también con ellas, estudia cómo consiguieron sus objetivos.

Analiza las ideas que has obtenido. Escríbelas en un papel y dales la misma validez a todas ellas, aunque en un principio te parezcan absurdas o descabelladas. Cambia tu perspectiva sobre el problema. Abre tu mente.

Prueba, prueba y prueba. Nunca hay malas ideas, se trata de ver las cosas desde un punto de vista diferente. Lánzate a probar soluciones o vías diferentes para acabar con tu problema. La prueba error es el mejor parámetro para saber si es eso realmente lo que quieres hacer. Atrévete a correr riesgos y experimenta.

No te conformes con la primera solución. Lleva un diario de tus actividades cotidianas, de tus avances, de si te satisface o no el dónde has llegado, e incluso cuando crees que has dado con la solución a la primera. Si no has conseguido una solución, busca otra y otra vez hasta que alcances tu objetivo.

Y es que esta técnica dedicada a la innovación puede convertirse en una interesante disciplina que permitirá enfrentarnos a las cosas difíciles, no como problemas insolubles, sino como desafíos que nos ayudarán a crecer y a cambiar. La cuestión es interiorizarla y practicarla día a día. ¿Empezamos hoy?